viernes, 13 de abril de 2012

falla

Lejanos quedan aquellos meses de no confiar. Ese daño que me abrió una herida en el pecho, cerca del corazón, como carne abrasada tras haber sido atravesada por hierro candente, desapareció. Yo lo sabía, en la inundación de mis sentidos. Los surcos salados que recorrían el espacio entre mis pestañas y mi barbilla se diluyeron bajo la lluvia de aquel día de abril en el que olvidé coger el paraguas. Y desde entonces el césped fue más verde y las nubes más compactas. Me alegré de encontrarme en medio de esa tormenta inesperada que abrió un abismo alejando la rabia, y alejándolo a él del espacio que nunca fue suyo.

2 comentarios:

Mariana Melgarejo dijo...

Que hermoso... alejándolo a él del espacio que nunca fue suyo.♥

Anónimo dijo...

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