martes, 21 de septiembre de 2010

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Noche, frío, desierto, oscuridad.
El cielo amenaza lluvia y el viento comienza a enfurecerse. Me abrazo fuerte, sosteniendo mi libro delante del pecho como escudo ante el anticipo de la tormenta. El otoño está llamando a la puerta y las marquesinas dejan de ser el refugio del sol para convertirse en un lugar en el que resguardarse de la inquietud. Los auriculares de mi mp3 amortiguan el sonido de los árboles, que parece que silban de una forma tenue, casi imperceptible, tras una canción que se convierte en la banda sonora del día.
Despeinada, ocupada en localizar las llaves, al fin consigo entrar en el portal. Llega la calma. Ya tenía ganas de llegar a casa.

4 comentarios:

FAYNA dijo...

!Que gusto da encontrar abrigo!
Saludosss.

Sí es lo que parece dijo...

No me gusta este período de transición, pero una vez que se queda, el Otoño gusta, por esa sensación la de llegar a casa, estar a salvo de vientos y lluvias ;)

Besos

I dijo...

Ese es para mí el encanto del otoño...

Kobal dijo...

Me gusta el Otoño con su frio, es reconfortante la sensación de llegar a casa y que el calor inunde todo tu cuerpo. Agradeces el calor del hogar y puedes relajarte después de un duro día de trabajo.